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lunes, 28 de junio de 2010

EL BALLET EN EL BARRIO DE FLORES

Uno mas del negro Dolina que habita en "Cronicas del Angel Gris". No les voy a referir mucho acerca del cuento puesto que simplemente me gusto para ilustrar una linda charla.

Para los que gustan del arte y los que creen no ser parte de ese mundo, solo tengan a bien rescatar la oración final.

Aprovecho para recomendarles algunos eventos, hoy miércoles desde las 9hs inaugura "Una Muestra MACANUDA", que recoge lo mejor de las tiras de Ricardo Siri, el humorista gráfico mas conocido como "Liniers" y que estará hasta diciembre de este año en el Museo Barrilete (Vieja Usina).

A propósito de su visita en nuestra ciudad también hoy a las 11hs se presentara en el Centro Cultural España Córdoba para contar desde su singular perspectiva su visión respecto del bicentenario de nuestro país.


- hb -



EL BALLET EN EL BARRIO DE FLORES

- ALEJANDRO DOLINA -


El bailarín mas famoso que existió en el barrio de Flores era un mozo de cafè. Fue coreògrafo, director y maestro. Pero siempre debiò ganarse la vida en la Perla de Flores. Antiguos parroquianos aún lo recuerdan atravesando el local en puntas de pie, cargando la bandeja como una ofrenda pagana, cayendo de rodillas para agradecer una propina y saltando sobre la mesas con los brazos en alto, cuando alguien lo llamaba. Si habìa poco trabajo, se entretenìa en la barra, con un pie en el suelo y el otro sobre el mostrador.
Se llamava Aldo Manfredi. En sus modestos comienzos concurrìa a los asados o a las fiestas de cumpleaños y esperaba pacientemente. Nunca faltaba el comedido que lo invitara a mostrar su arte.

"Bàilese algo, Manfredi."
Sin hacerse rogar mucho, el hombre se largaba con su nùmero, ataviado con un calzoncillo largo y calzando unas viejas y embarradas zapatillas de baile. Muchas veces era provocado por los borrachos o los pendencieros que se complacen en hostilizar a los bailarines. Sin dejar de bailar, Manfredi pelaba un revòlver que llevaba siempre en la chaqueta y con desplazamientos de gran plasticidad daba a entender su resoluciòn de agujerear a quien tuviera ganas de seguir la broma. Sea por su talento o por su bufoso, lo cierto es que Manfredi era aclamado en todas partes. Sin embargo, su verdadera fama la alcanzò siendo ya hombre maduro, al fondar el legendario Ballet de Flores, un cuerpo del que surgieron ideas formidables, no siempre cabalmente apreciadas por el pùblico y la critica oficial.
Organizaba espectàculos con el apoyo de los comerciantes de la zona. En ocasiones, los bailarines lucìan inscripciones en su vestuario. Las orquestas eran poco numerosas. A veces se limitaban a tres guitarristas. Manfredi tenìa por costumbre ubicarse entre bambalinas para observar de cerca todas las figuras. Desde allì alentava a los bailarines y con frecuencia les hacìa oportunas indicaciones. Sus gritos se oìan desde la platea.
"Más adelante, Pedro, màs adelante…!"
"Un poco màs de gracia, Carlos, caramba…!"
Si las cosas no marchaban bien, no vacilava en irrumpir en el escenario para reprender a los más torpes. Con las muchachas era amable y paternal. Pensaba que muchos bailarines aprovechaban los momentos de màs estrecho contacto para propasarse.
"Saque la mano de ahì"– gritaba indignado.
Tal vez por eso evitaba en sus coreografìas los amontonamientos promiscuos y los abrazos prolongados. Pero el aporte màs original de Aldo Manfredi fue – sin duda – su teoria del argumento, expuesta a travès de un breve opùscolo que obligaba a leer a sus alumnos y que – tal vez – estaba escrito asì:

"El ballet es un gènero muy extraño. Un grupo de personas refiere una historia mediante pasos de baile.
"La eficacia narrativa de este procedimiento es por lo menos dudosa. Asì parecen comprenderlo los comentaristas, quienes suelen explicar minuciosamente el argumento antes del espectáculo.
"Ocurre que un salto en el aire resulta muchas veces insuficiente para comunicar sucesos tan complejos como un desengaño amoroso o la renuncia al trono de Polonia.
"Para expresarlo redondamente: existe la sospecha general de que sin auxilios exteriores nadie serìa capaz de comprender la naturaleza de los episodios que se representan."

Y en verdad, Manfredi conocìa estas sencillas verdades por propia experiencia. Varia veces habìa intentado convertir en ballet los libros que leìa. Y el pùblico jamàs captaba nada que fuera mucho màs allá del tìtulo. En colaboraciòn con el mùsico Ives Castagnino, habìa preparado una versiòn de los Ensayos de Montaigne. Casi se vuelve loco tratando de lograr que los bailarines dieran a entender la fugacidad de las doctrinas cientificas, la constancia del afecto de las bestias o el crecimiento de nuestro deseo antes las dificultades. Y eso, para no mencionar las abundantes citas de Marcial, Ovidio, Lucrecio, Plinio, Vegecio, Ciceròn, Horacio o Tito Livio, que ni por casualidad eran captadas por los observadores. Por otra parte, el tìtulo Ensayos fue interpretado equivocadamente por muchas personas, con las consecuencias que el lector culto ya se irà imaginando.
Para rimediar estos inconvenientes, Aldo Manfredi inventò su famoso Lenguaje del Ballet o Taquigrafìa bailable. Bàsicamente consistìa en asignar a cada gesto, a cada paso y a cada figura un significado permanente. Abrir los brazos indicaba amor, caer en el suelo era la muerte, recorrer el escenario mirando hacia arriba denotaba la ingenuidad. Con el tiempo la colección de movimientos y conceptos se fue haciendo màs amplia. Veamos:

Sentarse en el suelo: obcecaciòn, testarudez
Situarse a espaldas de otro bailarìn: traiciòn
Saltar en un pie: renguera
Golpearse el pecho: admisiòn de culpa, remordimiento
Arrastrar la panza por el piso: intrigas de palacio
Girar el dedo indice en la proximidad de la oreja: locura
Tambalearse: ebriedad
Dar vueltas de carnero: adhesiòn al idealismo platònico
Girar un bailarìn alrededor de otro: adhesiòn a la doctrina heliocentrica
Andar en cuatro patas: instintos bestiales
Formar un gran circulo con los dedos indice y pulgar de ambas manos: otro ha tenìdo màs suerte

De todos modos estas claves siempre eran insuficientes y asì Manfredi llegò a concebir un paso diferente por cada palabra, incluyendo pronombres, preposiciones y conjunciones. El diccionario resultante abarcaba cuatro mil vocablos con sus corrispondientes volteretas. Conforme a este método, el Ballet de Flores llegò a estrenar El Hombre mediocre de Josè Ingenieros con mùsica de tangos del novecientos. La experiencia fue desastrosa. Los bailarines conocìan el còdego de Manfredi, pero el pùblico no. Ademàs, occurrìa algo no previsto. Una frase bella en el lenguaje escrito correspondìa a gestos y evoluciones cuya combinaciòn resultaba torpe y sin donosura. El coreógrafo quiso ver en esto una consecuencia de la caprichosa sintaxis de Ingenieros. De cualquier modo, nunca màs volviò a insistir con la Taquigrafìa Bailable.
Probó màs tarde con la intercalaciòn de Explicadores en la platea. Cada tres o cuatro asientos, un individuo perfectamente aleccionado comentaba los sucesos del escenario.

"Miren, miren… ahì està el traidòr."
"Ah, claro… es que està soñando…"
"Èsa es la hechicera… Està preparando un filtro màgico para seducir a la princesa."

El sistema de los Explicadores se hizo insostenible por los altos costos y por el fastidio del público que reclamaba silencio, aun al riesgo de permanecer en la ignorancia.
Manfredi dio un paso màs y asì naciò el Ballet Hablado. Los propios bailarines proporcionaban la información indispensable.

"Soy el gigante del bosque…"
"Gran siete… me muero…"

Al que consiga rescatar a mi hija de la torre del castillo, le darè mil piezas de oro le darè…
Los espectàculos se deslucìan a causa de los resoplidos. No es fàcil bailar y dar saltos prodigiosos mientras se recitan parlamentos complicados. Sin embargo, La tragedia de Y de Ellery Queen, saliò bastante bien.

Manfredi no sòlo buscò ideas nuevas para dar a entender los argumentos. Tambièn se preocupó por incorporar al ballet elementos populares y atractivos para que las muchedumbres se acercaran al arte grande. Influìdo seguramente por ciertos artistas del café-concert, resolviò alentar la partecipaciòn activa del pùblico en sus obras. Al principio lo hizo tímidamente; en ciertos pasajes musicales, el director de la orquesta gritaba:
"A ver esas palmas…"
Después concibiò nùmeros donde los artistas bajaban a la platea y allì bailaban. Finalmente, instruyó a los integrantes del ballet para que obligaran a algunas señoras a intervenir en la danza. Así. muchas damas respetables eran revoleadas por el aire por lujuriosos faunos, ante el regocijo de la tertulia y la indignaciòn de los maridos. Gracias a estas innovaciones, la concurrencia creció. Pero la presencia de Manuel Mandeb, el ruso Salzman y otros atorrantes del barrio acabò por generar incidentes gravìsimos. Contagiados por el clima partecipativo, los muchachos del Ángel Gris subìan al escenario y molestaban a las bailarinas mientras sostenìan - a los gritos – la necesidad de bajar al artista de su pedestal.
Adelantándose a su tiempo, Manfredi montò espectàculos de danza en la calle, que no siempre encontraron la buena voluntad de los vecinos ni de los conductores de camionetas. En cambio tuvieron muchìsimo èxito sus Tangos con su correspondiente Letra para Bailar. Habitualmente un ballet de tango se limita a estilizar los pasos populares. La creaciòn del mozo de La Perla fue una cosa enteramente distinta.
Se oìa un tango cualquiera con su correspondiente letra. Los bailarines realizaban entonces pasos y figuras de un clasicismo irreprochable, representando el argumento del tango. En Mi noche triste un hombre abandonado recorre su pieza y verìfica la desolaciòn de sus pertenencias, contagiadas de tristeza. Acquaforte admite innumerables personajes: ancianas floristas, milongueras envejecidas, vendedores de diarios y libertinos miserables. Fueron memorables las versiones de Portero suba y diga, Por seguidora y por fiel, Mano cruel y A la luz de un candìl.

Aldo Manfredi era – tal vez sin saberlo – un artista romàntico. Creìa, como Keats, que la belleza y la verdad son la misma cosa. Se proponìa antes que nada provocar en los espectadores aquella suspensión de la incredulidad de la que hablaba Coleridge. Jamàs pudo lograrlo del todo a pesar de sus esfuerzos conmovedores, o tal vez precisamente a causa de ellos. Poco a poco se fue desalentando. Y un dìa resolviò que el ballet no le servìa para alcanzar sus desmesurados propósitos. El los ùltimos años de su carrera supo integrar un grupo de danzas folklòricas que ilustraba a golpes de malambo cualquier episodio de la historia argentina, accediendo incluso a los pedidos del pùblico presente. Un dìa saliò de gira y ya nadie volviò a verlo. En La Perla de Flores hay ahora otros mozos que nada saben de bailes clàsicos.

Pobre Manfredi… Buscò milagros por los caminos màs racionales. Derrochò su genio tratando de dar explicaciones. Y no comprendiò jamàs que el arte es misterioso y conduce a la emociòn antes que al entendimiento.
Bienaventurados los que han aprendido a llorar sin hacer preguntas.


jueves, 25 de marzo de 2010

HISTORIAS DE AMOR

Entrando al otoño y pisando el mes de abril, nada mas infalible que algunas lineas para potenciar la nostalgia propia de estas epocas.

Defendamos dignamente todas las epopeyas que vivimos y que nos quedan por vivir de la mano de señoritas de la mala vida, y no nos achiquemos ante la presencia de unos grandes ojos, oscuros y brillantes que nos den vuelta el alma.

- HB -

HISTORIAS DE AMOR
-ALEJANDRO DOLINA-

El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no esta en casi ninguna parte. Sin embargo, en medio de las infinitas desolaciones hay una buena noticia: el amor. Los Hombres Sensibles de Flores tomaban ese rumbo cuando querian explicar el cosmos. Y hasta los Refutadores de Leyendas tuvieron que admitir casi sin reservas, que el amor existe. Eso si, nadie debe confundir el amor con la dicha. Al contrario: a veces se piensa que amor y pena son una misma cosa. Especialmente en el barrio del Angel Gris, que es tambien el barrio del desencuentro. Las historias amorosas de los tiempos dorados son casi siempre tristes. Esto no basta para afirmar que todos los romances fueron desdichados: sucede -tal vez- que el arte necesita nostalgia. No se puede ser artista si no se ha perdido algo. Los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de mercaderes afortunados. Por eso los poetas de Flores buscaban el desengaño, porque pensaban que cerca de el andaba el verso perfecto. Casi todos quedaban en la mitad del camino.

Manuel Mandeb veia las cosas de un modo mas complicado. Admitia que la pena de amor conducia al arte. Pero tambien sostenia que el proposito final del arte es el amor. La recompensa del artista es ser amado. Asi pareceia opinar Ives Castagnino, el musico de Palermo, quien componia valses melancolicos al solo efecto de seducir señoritas. Cuando no lo lograba, su tristeza le dictaba otras canciones que mas tarde le servian para deslumbrar señoritas nuevas y asi recomenzaba el circulo. Algunos muchachos sin vocacion artistica trataban de merecer a las damas cultivando las ciencias, la bondad, el coraje, la riqueza o la extorsion. Los autores de aforismos extrajeron de estas realidades una conclusion modesta: si no fuera por el amor, nadie haria gran cosa. Las muchachas beligerantes podian objetar que estos pensamientos parecen reservados a la conducta masculina.

Al respecto, Mandeb creia que las mujeres hacian de ellas mismas un hecho artistico. El poligrafo de Flores, en un rapto de arbitrariedad, llego a establecer un orden de cualidades, segun su eficacia para enamorar. Coloco en primer lugar la belleza y luego la juventud, aclarando que estas dos virtudes son tal vez una sola. Despues ubico las condiciones espirituales: inteligencia y bondad. En ultimo termino, el poder y el dinero. Muchedumbres de feos de cierta edad polemizaron con Mandeb reclamando el derecho a ser amados por su limpieza, trayectoria comercial o apellido ilustre. De todos modos, para este oscuro pensador, el amor era una flor exotica cuyo hallazgo ocurria muy pocas veces.

- De cada mil personas que pasen por esa puerta -decia- acaso nos conmueva solamente una. Del mismo modo, quiza solo una entre las mil tenga a bien impresionarse con nosotros.

La cuenta es sencilla: sin contar percepciones engañosas y desilusiones posteriores, la posibilidad de un amor correspondido es de una en un millon. No esta tan mal, despues de todo. Pero dejemos la pura especulacion de los espiritus obtusos de Flores. Mucho mas interesante es saber como amaron realmente. Para ellos habremos de transcribir algunas historias que presumen de veraces y que han llegado hasta nosotros por avenidas literarias o por oscuros atajos confidenciales.

HISTORIA DEL QUE ESPERO SIETE AñOS

Jorge Allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios
hostiles.
Segun supo despues, alcanzo a ser feliz. Una noche de junio, la chica
resolvio abandonarlo.
- No te quiero mas - le dijo.
Allen cometio entonces los peores pecados de su vida; suplico, se
humillo, escribio versos horrorosos y lloro en los rincones.
La pechugona se mantuvo firme y rubrico la maniobra entreverandose con
un deportista reluciente.
El poeta recobro la dignidad y empleo su tiempo en amar sin esperanzas
y en recordar el pasado. Su alma se retemplo en el sufrimiento y se
hizo cada vez mas sabio y bondadoso. Muchas veces soño con el regreso de
la muchacha, aunque tuvo el buen tino de no esperar que tal sueño se
cumpliera.
Mas tarde supo que jamas habria en su vida algo mejor que aquel amor
imposible.
Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses despues
de su pronunciamiento, la pechugona aparecio de nuevo.
Las lagrimas le corrian por el escote cuando le confeso al poeta:
- Otra vez te quiero.
Allen nunca pudo contar con claridad lo que sintio en aquellas horas.
El caso es que volvio a su casa vacio y desengañado. Quiso llorar y no
pudo. Nunca mas volvio a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca mas,
nunca mas volvio a pensar en ella ni a soñar su regreso.


HISTORIA DEL QEU SE ENAMORO DE UNA NIñA DEMASIADO JOVEN

Manuel Mandeb supo tener amores con una niña muy joven de la calle
Paez. La muchacha no hizo cuestion por la diferencua de edades y
ademas es cierto que Mandeb era un hombre de aspecto soberbio, dentro de
su sombrio estilo.
Pero pronto empezaron las dificultades.
Un dia Mandeb insistio en caminar bajo un aguacero mientras recitaba
a los gritos un soneto flamante.
Una noche le hizo el amor en la casa embrujada de la calle Campana
para espantar a los demonios.
A veces, en la madrugada, se trepaba hasta la ventana de la niña, en
el tercer piso, y dejaba prendida una flor roja.
Una tarde de invierno le hizo probar el licor del olvido y el vino
del recuerdo.
En verano, le sacaba la blusa en las calles oscuras y le ponia alguna
de sus gastadas camisas azules.
Para su cumpleaños le regalo una sombra robada en Villa del Parque
que habia encerrado en una cajita de cristal.
Despues enseño a todos los pajaros de Flores a cantar el nombre de la
muchacha en su ventana.
Entonces la niña abandono a Mandeb y comento luego a sus amistades
en una pizzeria:
-No eramos de la misma generacion.

HISTORIA DEL QUE SE DESGRACIO EN EL TREN.

Jaime Gorriti tomaba todos los dias el tren de las 14.35.
Y todos los dias se fijaba en una estudiante morocha. Con prudente
astucia trataba de ubicarse cerca de ella y -a veces- ligaba una mirada
prometedora.
Una tarde empezo a saludarla. Y algunos dias despues tuvo ocasion de
hacerse ver, ayudandola a recoger unos libros desbarrancados.
Por fin, un asiento desocupado les permitio sentarse juntos y conversar.
Gorriti acelero y le hizo conocer sus destrezas de picaflor aficionado.
No andaba mal. La morocha conocia el juego y colaboraba con retruques
adecuados.
Sin embargo, los demonios decidieron intervenir.
Saliendo de Haedo, la chica trato de abrir la ventanilla y no pudo. Con
gesto mundano, Gorriti copo la banca.
- Por favor....
Se prendio de las manijas, tiro hacia arriba con toda su fuerza y se
desgracio con un estruendo irreparable.
Sin decir palabra, se fue pasillo adelante y se largo del tren en Moron.
Desde ese dia empezo a tomar el tren de las 14.10.


HISTORIA DEL QUE PADECIA LOS DOS MALES.

En la calle Caracas vivia un hombre que amaba a una rubia.
Pero ella lo despreciaba enteramente.
Unas cuadras mas abajo dos morochas se morian por el hombre y se
le ofrecian ante su puerta. El las rechazaba honestamente.
El amor depara dos maximas adversidades de opuesto signo: amar a
quien no nos ama y se amados por quien no podemos amar.
El hombre de la calle Caracas padecio ambas desgracias al mismo tiempo
y murio una mañana ante el llanto de las morochas y la indiferencia
de la rubia.


HISTORIA DEL QUE NO PODIA OLVIDAR.

El ruso Salzman tuvo muchas novias. Y a decir verdad solia dejarlas al
poco tiempo. Sin embargo jamas se olvidaba de ellas.
Todas las noches sus antiguos amores se le presentaban por turno en
forma de pesadilla. Y Salzman lloraba por la ausencia de ellas.
La primera novia, la verdulera de Burzaco, la pelirroja de Villa Luro,
la inglesa de La Lucila, la arquitecta de Palermo, la modista de Ciudadela.
Y tambien las novias que nunca tuvo: la que no lo quiso, la que vio una sola
vez en el puerto, la que le vendio un par de zapatos, la que desaparecio en
un zaguan antes de cruzarse con el.
Despues Salzman lloraba por las novias futuras que aun no habian
llegado. Los hombres sabios no se burlaban del ruso pues comprendian
que estaba poseido del mas sagrado berretin cosmico: el hombre queria
vivir todas las vidas y estaba condenado a transitar solamente por una.
Aprendan a soñar los que se contentan con sacar la loteria......


LA CALLE DE LAS NOVIAS PERDIDAS.

Hay una calle en Flores en la que viven todas las novias abandonadas.
Al atardecer salen a la vereda y miran ansiosas hacia las esquinas para ver
si vuelven los novios que se fueron. A veces conversan entre ellas y
rememoran viejos paseos por el Rosedal.
Por las noches se encierran a releer cartas viejas que guardan en
cajitas primorosas o admirar fotografias grises.
Los domingos se ponen vestidos floreados y se pintan los labios.
Algunas escriben diarios intimos con letra prolija.
Dicen que no es posible encontrar esa calle. Pero se sabe que algun
dia desembocara en la esquina el batallon de los novios vencedores de la
muerte para rescatar a las novias perdidas y llevarlas de paseo al Rosedal.
Esto sera dentro de mucho tiempo, cuando endulce sus cuerdas el pajaro
cantor.

Existen por ahi infinidad de personas confiables que juran que el amor
es posible en todos los barrios. No habra de discutirse semejante tesis.
Pero el que tuviera que vivir pasiones locas, es mejor que no pierda el
tiempo en rumbos equivocados. Una historia terrible esta esperando
en Flores.

jueves, 4 de febrero de 2010

EL DESCANSO DE LOS HOMBRES SENSIBLES

Seguramente muchos de los que frecuentan este rincon de la web, al igual que yo, ya regresaron de las comúnmente ansiadas vacaciones estivales. Por eso entenderán que las peripecias de los que generalmente nos empeñamos en vivir otras vidas en otros lugares, me impidieron mantener la regularidad con que cuelgo estos cuentos.
Ahora que el anden del tren de la rutina se aleja, les mando otra de las historias que protagonizan Mandeb y el resto de los Hombres Sensibles de Flores que tan bien son contadas por el negro Dolina.

- hb -


EL DESCANSO DE LOS HOMBRES SENSIBLES

- ALEJANDRO DOLINA -

Cada año ciertas personas interrumpen sus trabajos cotidianos para tomar algunos días de descanso. Esta circunstancia no parece muy sabrosa en su primera descripción. Sin embargo, la complejidad de nuestro tiempo ha decorado el asunto con asombrosos firuletes de causa y efectos. Y entonces el modesto fenómeno produce toda clase de inesperadas consecuencias: las valijas, los hoteles, las empresas de turismo, las ciudades balnearias, el alquiler de bicicletas, los productos bronceadores, las tarjetas postales, los baldecitos, los suplementos de las revistas, los caracoles pintados, las carpas, el cierre temporario de las panaderías, las audiciones desde la costa, las casas rodantes y la imperdonable canción Vamos a la playa.

Los Hombres Sensibles de Flores siempre miraron con desconfianza las súbitas inspiraciones nómades de los mercaderes prósperos. Pero a pesar de todo alcanzaron a vislumbrar que más allá de la vanidad de los chitrulos, las vacaciones ofrecían la remota posibilidad de que algo ocurriera. Y así, fingiendo descansar, buscaron en remotos balnearios y pensiones baratas las mismas vieja señales de siempre. Y descubrieron (demasiado tarde) que las puertas cerradas eran iguales en todas partes.

Manuel Mandeb reflexionó sobre estas cuestiones en un trabajo titulado “A favor y en contra de las vacaciones”.

En la primera parte, el autor lanza denuestos sobre las costumbres veraniegas. En la segunda se refuta a sí mismo, y en el confuso epílogo sostiene que ambas posturas son verdaderas o tal vez falsas.

Resignémonos a examinar algunos tramos de esta obra que muchos reputaron hegeliana, quizás queriendo decir que era insoportable.

“... Los escribanos y profesoras de geografía dicen encontrar en sus licencias anuales la ocasión para hacer lo que en verdad desean. Lo que equivale a confesar que durante el resto del año, estas personas viven contrariando su verdadera voluntad”.

“... Pero mayor todavía es nuestro estupor cuando observamos la conducta que mantienen en sus breves períodos de plena libertad. Al parecer, todo lo que necesitan para rebelarse contra el destino es trasladarse a un balneario”.

“... Si el verano presupone un cambio de hábitos, nada cuesta suponer el disgusto que sentirán las gentes satisfechas de sus procederes ante la necesidad de modificarlos.”

“... Lo ideal sería (aparentemente) actuar siempre conforme a la propia voluntad. Es decir, hacer siempre lo que uno desea.”

“... Pero ahora, en este último instante, se cuela una objeción imprevista: las personas más nobles no desean obrar a su capricho. Yo mismo no quiero hacer lo que quiero.”

No es novedosa la opinión de Mandeb. Ortega afirmó que la nobleza se define por la exigencia, por las obligaciones y no por los derechos. “Noblesse obligue”. Vivir a gusto es de plebeyos, decía Goethe.

Ya vemos cuán lejos de la playa nos ha arrastrado Mandeb. Busquemos la orilla y veamos al polígrafo de Flores ya reconciliado con las vacaciones, en la segunda parte del libro que nos ocupa.

“... Bien está en el crepúsculo de esta monografía reconocer que los dignos afanes por ganar nuestro sustento suelen alejarnos de los goces del espíritu y aun del cuerpo. Pueden ser entonces las vacaciones unos rincones floridos del tiempo, que el criollo despierto sabrá aprovechar para asomarse a los misterios del universo o para atropellas a alguna morocha. El amor y el conocimiento. No hay mucho más en la vida.”

En los años dorados de Flores, el barrio tuvo su propia agencia de turismo. Su nombre, LA HUELLA, tal vez fue una criollada. Pero de allí salieron algunas ideas muy originales y un criterio comercial cercano a la demencia.

Sin transitar los dudosos pasillos de la leyenda, podremos imaginar el funcionamiento de esta empresa, gracias a uno de sus folletos de publicidad que se ha conservado casi entero.

Allí se proponen planes de veraneo cuyos pormenores conoceremos ahora, no sin padecer las estridencias del lenguaje utilizado.

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Maravilloso viaje a un país lejano cuyo idioma y costumbres usted desconoce. Experimente la hostilidad de los nativos y la prepotencia de las autoridades. Centenares de bárbaros se burlarán de usted. Pase las horas de sus comidas entre la inquietud y la repugnancia. Precios muy ventajosos.

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FIN DE SEMANA EN COLEGIALES

Al alcance de cualquier presupuesto. Hospedaje en casa de una familia de la calle Crámer. Contemple el atardecer en la estación y vibre en delicioso sobresalto al paso del tren eléctrico.

El mayor suceso de la agencia fue la promoción del balneario PLAYA DESIERTA. Se eligió un punto cualquiera de la costa atlántica y se instó a las personas a viajar allí.

El argumento decisivo consistía en declarar que nadie iba jamás a ese lugar. Ya se sabe que los espíritus delicados aman la soledad. Así fue que muchos se trasladaron a Playa Desierta. La fama del paraje creció a lo largo de las temporadas y al cabo puede decirse que verdaderas muchedumbres llegaban al balneario con el propósito de hallar un rincón solitario.

La paradoja no tardó en declararse: el éxito fue causa de la decadencia. Al perder su desolada virtud la playa fue abandonada por multitudes desengañadas hasta que al final quedó otra vez, y para siempre, desierta.

Manuel Mandeb relacionó este episodio con el impresionante número de visitantes que recibe anualmente Mar del Plata.

“... Es difícil encontrar una explicación convincente. Todo el mundo detesta las aglomeraciones. En Mar del Plata hay aglomeraciones. Luego, nadie debería acercarse por allí”.

“... Me atrevo a postular una teoría audaz. No hay en Mar del Plata turistas lisos y llanos sino individuos que viven del turismo y trabajan en esa ciudad durante el verano: vendedores de chorizos, croupiers, empleados de hoteles, camioneros, colectiveros, cocineros, mozos, guardavidas, recepcionistas, aviadores, actores, músicos, futbolistas, árbitros, bailarines, magos, periodistas, editores, locutores, humoristas, telefonistas, cantantes, reposteros, adivinos y publicitarios”

“... Si agregamos a los familiares y acompañantes de estos trabajadores, hallaremos que suman millones. Todos se abastecen mutuamente: el croupier va al teatro, el actor va a ver fútbol, el futbolista come pizza y el pizzero escucha la radio. De este modo, la ciudad se mueve y los fenómenos económicos se cumplen como si hubiera turistas verdaderos.”

Aunque no eran clientes de la agencia, los Hombres Sensibles de Flores supieron veranear mezclando sabiamente la aventura y la escasez.

Manuel Mandeb solía ir a un recreo abandonado del Reconquista, a recordar los tiempos en que el río estaba vivo y tenía otro nombre.

Cortejaba a las mozas de la zona, que le prestaban yerba, oían sus historias y a veces cedían a sus insinuaciones sentimentales.

“Solo el amor pasajero es eterno” murmuraba a sus amadas entre los yuyos. “Es amor que se va, pero no muere. La ausencia hace que los romances duren siempre.”

Y dicho esto, se iba.

El ruso Salzman tenía en el fondo de su casa un fuentón de buen tamaño. Los muchachos del Ángel Gris acudían con sus desteñidos pantaloncitos de fútbol para refrescarse los pies y tomar un poco de sol. A veces invitaban a algunas niñas distinguidas del barrio, pero las muy presumidas siempre hallaban pretexto para no presentarse.

A veces, todos juntos recorrían los balnearios porteños: Costanera Sur, Quilmes, Núñez, Los Escalones, Entrada Guemes, Playa Dorada, El Ancla, Las Barrancas... Un verano fueron al misterioso Balneario Reta, allá en el sur. Se hospedaron en el viejo Hotel Océano y se pusieron de novios con unas alemanas hechiceras que proyectaban sombras ajenas y escondían palomas en el escote. Tocaron el piano en el comedor y cantaron canciones zafadas. Se perdieron en los médanos infinitos, encontraron huellas inexplicables en la arena húmeda y bebieron agua mágica en un manantial del Paso del Médano. Escucharon a Rosita Quiroga en un fonógrafo y trataron de subir al piso alto del hotel, lo que no les fue permitido pues allí se guardan los restos valiosos de naufragios o tal vez viven recluidos marineros y capitanes en desgracia.

A pesar de su entusiasmo, pocas veces fueron totalmente dichosos.

En todos los veraneos sintieron la sensación de asistir a una fiesta a la no estaban invitados. Al comparar la evidente alegría general con sus melancólicos talantes, los Hombres Sensibles sospecharon que había en todo aquello algo que no se decía. Un dato, un secreto, una clave cuyo conocimiento permitía disfrutar, reír y divertirse.

Mucho tiempo mas tarde, Manuel Mandeb comprobó que efectivamente había un secreto que algunos conocían y otros no. Y comprendió también que la causa de la alegría no era el conocimiento del misterio sino más bien su ignorancia.

Y no volvió a salir nunca de vacaciones.

Este que escribe siente que el veraneo es un privilegio de la juventud.

Un señor maduro, con su esposa, podrá pegarse un baño, pasear, ir al teatro o al casino. Pero verá pasar a su lado la belleza del diablo. No podrá enamorarse, no podrá pisar el terreno incierto de la aventura.

Cruel como el Carnaval es el verano. Se necesita guapeza para enfrentarlo, para dominarlo y gozarlo en su brutalidad pagana.

Nosotros, de este lado, hombres fuertes y jóvenes, pero tocados ya por el mal del otoño y de las sombras, nos atrevemos todavía a compadrear ante el sol.

No tenemos miedo a meternos bien adentro, allí donde no se hace pie. Pero sabemos que ya tras el horizonte ha nacido una ola que se va acercando a la playa. Pronto nos alcanzará y de un solo saque nos apagará las últimas brasas del alma.
Después... ya no habrá mas olas para nosotros.

jueves, 1 de octubre de 2009

BALADA DEL AMOR IMPOSIBLE

Hace mucho que queria subir este texto.
Hoy, ya cansado del cuento de los supositorios, comparto con Uds. esta peligrosa Teoria o para que no se enoje el autor por el uso de palabras propias de Refutadores de Leyendas, le vamos a decir justamente Leyenda.

Saludos!

- HB -

BALADA DEL AMOR IMPOSIBLE
- ALEJANDRO DOLINA -
Los cronistas más serios del barrio del Angel Gris coinciden en destacar la propensión de sus habitantes hacia los amores imposibles. Así, mientras los jóvenes de otros barrios se enamoran de muchachas groseramente posibles, los hombres de Flores parecen condenados a amar -casi siempre en secreto- a mujeres que no serán para ellos. Y en honor a estas damas es que los Hombres Sensibles hacen lo que hacen. Algunos emprenden desde chicos el estudio del violín, únicamente para aprender a tocar un vals en obsequio de su amada. No importa que ella no alcance jamás a oírlo. Ese no es el punto. Otros indagan los secretos de la versificación y se sumergen en el dolor para lograr una poesía. Hay quienes se ejercitan en el coraje y cultivan la guapeza. Y no faltan los que eligen la melancolia o la locura.
Piensan los Hombres Sensibles que siendo mejores merecerán ser amados. Y para la ética sentimental de este barrio, los mejores hombres son artistas, valientes, tristes o locos. Por eso los muchachos más virtuosos de Flores sufren por amor. Esta realidad ha despertado la atención de todos y la piedad de muchos. Cada semana, los enamorados de Flores reciben el consejo de sus amigos sabios de otras barriadas.
- ¿Por qué amar a la Gran Marquesa del Norte, que es en realidad un duende? ¿Por qué no conformarse con la hija del yesero?
Son voces tentadoras que exponen las ventajas del amor razonable. A estas exhortaciones, los Hombres Sensibles responden - no sin acierto - que en el amor no existe el libre albedrío y que nadie puede decidir de quién va a enamorarse.
Sin embargo - ya a riesgo de caer en especulaciones psicológicas fuera de tono - cabe reconocer que los muchachos del Angel Gris tienden a aproximarse sentimentalmente a las mujeres que menos les convienen. Los tratadistas de Villa del Parque y los Refutadores de Leyendas sostienen que buscar pareja es una tarea enteramente racional y hasta científica.
Vale la pena citar la novela didáctica "Hoy te amo con la cabeza", del profesor Amadeo Battista. Esta obra esconde - apenas - la tesis antedicha, entre los rotosos pliegues de su trama. Parecidos criterios auspicia la esposa de este pensador, la doctora Alba C. de Battista en su libro "Me casé con un cretino". Muchos hombres de negocios, comerciantes e industriales de la zona han entendido que el amor imposible es cosa nefasta, no sólo para el que ama, sino también para el desarrollo de las actividades productivas en general. Declaran estos lúcidos mercaderes que, por lo común, los enamorados sin esperanza son pésimos empleados, más atentos al recuerdo de unos ojos pardos que a la correcta realización de una nota de débito.
Tratando de reducir el número de desencuentros amorosos en beneficio de la felicidad general, los Refutadores de Leyendas con la ayuda de dos contadores de la Sociedad de Fomento de Villa Malcolm, prepararon las Tablas del Amor Infalible, especie de regla de cálculo según la cual las medidas del cuerpo del hombre, su coeficiente intelectual, su edad, su educación, fortuna y berretines determinaban de un modo preciso a la mujer más conveniente para sus planes amorosos.
Esto es ni más ni menos que la refutación de una leyenda o -lo que es peor- su reducción a términos científicos. La leyenda es ésta:
"Hay para cada hombre una mujer, una sola, que reúne todas las virtudes que ese hombre sueña. Su belleza está hecha para deslumbrar a ese hombre. Su voz ha sido creada para seducirlo. Su inteligencia, para sucitarle y sugerirle ideas amables. Su ternura, para hacerle dulce el diario sufrimiento. Esa mujer existe y anda por esas calles. Pero el destino ha decidido que nunca jamás se crucen los caminos de ningún hombre con la mujer que para él fue concebida."
Manuel Mandeb asegura en sus Memorias que cierta tarde creyó reconocer a lo lejos a la mujer que le correspondía, conforme a la leyenda. Inmediatamente se trabó en lucha con el destino y trató de alcanzar a la muchacha. Lo consiguió en la esquina de Artigas y Avellaneda. Luego de interceptarle el paso, procedió a explicarle la vieja creencia de los Hombres Sensibles, mientras se secaba el sudor y trataba de recobrar el aliento. Pero la mujer no conocía la leyenda, o tal vez la conocía y la acataba puntualmente: dio media vuelta y se fue por Artigas hacia el norte.
Y ya que mencionamos a Manuel Mandeb, conviene recordar que su ilegible prosa se alzó solitaria frente a los tratados racionalistas y a los inventos de los Refutadores de Leyendas. El polígrafo de Flores dejó un voluminoso estudio caratulado Registro de amores imposibles en la linea del Sarmiento. La obra consta de 914 fichas que corresponden a otros tantos casos concretos de amor sin recompensa.
Está dividida en cuatro cápitulos: El primero, subtitulado Nunca le dije nada, es el más extenso y registra episodios protagonizados por enamorados silenciosos. El segundo, Negativas expone 115 rechazos, sus motivos, sus términos y consecuencias, para no hablar de otros detalles más bien superfluos que suelen recargar toda la obra de Manuel Mandeb. El tercer cápitulo, Amargo desengaño, cataloga 126 decepciones, incluidas cuatro padecidas por el propio autor. El cuarto y último cápitulo es un inspirado texto romántico que se conoce como Elogio del amor inconcluso. Veamos este párrafo: "...Así como las personas que mueren en la plenitud nos ahorran el recuerdo de su vejez, los amores interrupidos abruptamente siguen viviendo en nuestro corazón no como brasas agonizantes, sino como horrorosas llamas que queman cada noche..." "...No hay mejor amor que el que nunca ha sido. Los romances que alcanzan a completarse conducen inevitablemente al desengaño, al encono o a la paciencia; los amores incompletos son siempre capullo, son siempre pasión."
Pero dejemos ya a Manuel Mandeb y reflexionemos sobre ese delicado asunto. Es cierto que infinidad de personas decentes viven la módica dicha del amor común y corriente. Pero el amor imposible, aquél del cual solamente son capaces los Hombres Sensibles de Flores, es el único cabalmente maravilloso y digno de admiración. Ocurre así: un muchacho se enamora de La Mujer Más Hermosa. Desde ese momento, su vida no tiene otro sentido que ese amor. Sin embargo, el hombre sabe que no tiene chance en esa carrera, pues las Mujeres Más Hermosas suelen casarse con otros caballeros, generalmente ricos o buenos mozos o ambas cosas. Sus buenos amigos le aconsejarán el olvido, pero este hombre ha nacido en Flores y no tiene la menor intención de gambetear el dolor. Y cada día deja mansamente que la tristeza le invada los huesos y que tiña hasta el último de sus pensamientos. A veces, las distracciones y los mundanos asuntos amenazarán con hacerle olvidar siquiera por un momento su amor y pesadumbre. Pero el hombre reaccionará inmediatamente y se sumergirá otra vez en su propio abismo. Que nadie se engañe. Este hombre que ríe a carcajadas cuando algún conocido le refiere el cuento de los supositorios, está pensando en su amor imposible. Y la sangre que hincha sus venas es negra y espesa. Pero, atención. Este amor que lo hace desgraciado es el que le hace mejor. El ya ha renunciado a la Mujer Más Hermosa. Jamás padecerá decepciones. Su pasión no envejecerá ni se envilecerá. Nadie podrá engañarlo. Y a fuerza de bañarse cada día en el sufrimiento, habrá aprendido el secreto de la resignación. Los caballeros exitosos no conocerán jamás la verdadera escencia del amor imposible. Ellos jamás juegan su vida a una sola baraja. Con toda prudencia realizan inversiones en uno y otro lugar para compensar con unas las pérdidas ocasionadas por otras.
Pero el amor imposible no es cosa de prudentes, sino de Quijotes. Sólo cuatro veces en doce años vio Alonso Quijano a Aldonza Lorenzo. Jamás cruzaron palabra. Pero eso le bastó para vivir en ella y por ella. Sin esperar recompensa. Por eso, señores, si acaso atesoran ustedes uno de estos metejones locos, a no arrepentirse. Sigan soñando y esperando lo imposible. Aunque sepamos que nuestras ilusiones no habrán de cumplirse nunca, sigamos acariciándolas. Lo contrario sería
-como pensaba Wimpy- confundir una ilusión con un pagaré. Será una larga jornada. Muchas veces tendremos ganas de contar nuestra pena, pero no podremos hacerlo, para no profanarla. Siempre estaremos solos y tristes, pero no es para tanto. Después de todo, ya se sabe que los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos.
"El verdadero milagro de la vida no es encontrarse con uno mismo, que después de todo no es más que una paradoja de quinta... Lo importante es encontrarse con alguien. Esos efímeros puentes que dentro de este mundo de islas algunos suelen tender; efímeros porque duran muy poco y hechos quizas de la misma materia de la que están hechos los sueños. Por ahí, cada tanto, en esa horrenda soledad que es la vida, uno liga un puente. Un puente que se puede tejer con un cariño o con un amor; quiere decir que en este mundo donde todas las citas son fallidas, o casi todas las citas son fallidas, en donde casi todo consiste en ir a esquinas donde nadie acude, en donde casi todos los encuentros fallan. Mi vida es ir a buscar y no encontrar, y es así... Salvo alguna que otra vez, como flechas luminosas en la noche, en que uno va a una esquina y hay alguien, bueno... yo creo que eso merece festejarse y festejarlo con dignidad, y hacer digno ese pequeño puentecito que se ha tendido. Solo una vez en la vida de un hombre pasa un centímetro cúbico de suerte y solo la pescará el que este todo el tiempo atento. Nos toca solo un cachito de suerte en la vida y el peor de los pecados es dejarla pasar. Hay que estar atento a las señales, atento a las citas, que se cumplen pero son muy pocas, atento a los sueños que se dan, pero son muy pocos...."



lunes, 16 de marzo de 2009

NIÑOS, LIBROS Y LECTURAS

Las novelas decimonónicas sobre el Imperio Romano se esfuerzan en reconstruir la época de los Césares y apenas consiguen revelar las preferencias y gustos del siglo XIX. Sucede que los cónsules, los senadores y los emperadores no pueden disimular el acento de las tertulias parisinas, por mucho que se esfuerce el escritor. Esto no debe apuntarse como un reproche sino más bien como una fatalidad que conviene saber antes de la lectura.
Algo parecido sucede con los libros para chicos. Escritos desde un mundo diferente, suelen referir historias que suenan falsas, protagonizadas por seres lejanos e incomprensibles. Ante su propia creación, los autores suelen afectar una especie de perpleja benevolencia, la misma que se usa en la descripción de las costumbres de los salvajes.
Alguien podrá decir que lo más conveniente es que los romanos escriban sobre el imperio, y los niños sobre la infancia. Objeción: los romanos no escriben ya y los niños no lo hacen todavía. De unos y otros nos separa el tiempo.
Puede aducirse que mientras ningún escritor actual ha sido ciudadano del Imperio, casi todos han sido niños. Sin embargo, un complicado abismo de olvidos y falsos recuerdos parece alejarnos de nuestras emociones infantiles. Los literatos que se fingen chicos no consiguen engañar a nadie.
A decir verdad, no es posible ni siquiera saber con certeza si los niños disfrutan de los libros que se les preparan.
Con mucha cautela, me atrevería a apostar que no. Evocaciones que acaso invento ahora me remiten a las historias de terror, las investigaciones de Mister Reeder, el Padre Brown y el poema A Margarita Debayle , creaciones todas que poco tienen de infantiles.
Me parece también recordar que a mis cuatro o cinco años escuchaba con mas placer La Copa del Olvido o Mi Noche Triste, que las cargosas pamplinas sobre faroleras tropezadas.
Así, menos en forma de teoría que de sospecha, postulo que un libro que entretiene a un chico debe ser capaz de hacerlo con un adulto. Desde luego, la admiración no sirve en el orden inverso: toda obra necesita una información previa por parte del lector para ser comprendida. El cuento El inmortal , de Jorge Luis Borges, resultaría incomprensible -o insulso- para quien desconociera la existencia de Homero. La medición de un hexámetro exige saber latín. Presiento, sin embargo, que miles de cuentos y novelas pueden ser leídos sin penuria por los chicos y sin aburrimiento por los mayores. Los ejemplos son tan contundentes que me averguenzan: La Isla del Tesoro , los cuentos de Oscar Wilde, Las Mil y una Noches, las maravillas y horrores de la mitología clásica.
Frente a estas obras, los coloridos volúmenes de las colecciones infantiles resultan bastante insípidos.
A veces me palpito que muchos de estos textos son estropeados por la intención edificante. Alguien me dijo una vez que en verdad ocurre lo contrario: la torpeza literaria desacredita la moraleja.
Manuel Mandeb, el polígrafo de Flores, sentía horror por las novelas protagonizadas por niños. Sostenía que sus comportamientos eran poco racionales, o lo que es peor, poco artísticos. Recomendaba insuflar a los pequeños personajes la mayor gravedad, pues entendía que los chicos son generalmente serios y aborrecían la socarronería.
Mandeb creía que el amor a los niños era una virtud literaria capaz de redimir cualquier defecto.
- El cariñoso esfuerzo conmueve a los pibes aunque no lo confiesen -decía.
Me parece que el hombre de Flores adivinó una gran verdad.
Cuando era chico yo sentía una emoción deliciosamente triste ante las calesitas, los circos y los caleidoscopios. No me gustaban, no me divertían. Pero me hacían sentir una inmensa piedad por aquellas gentes, más inocentes que yo, que trataban de agradarme con ingenio modesto. De entre mis juguetes infantiles recuerdo una cimitarra de madera que me trajo mi padre. Mis juegos no incluían las gestas sarracenas, de modo que no pude sacarle mayor provecho. Pero allí estaba el amor del hombre aquel que tal vez no me comprendía.
Por eso creo en el criterio de Mandeb. El amor de un poeta puede ser más eficaz que un buen argumento.
Más tarde he reconocido aquellos sentimientos de la niñez al recibir algún regalo demasiado humilde.
En los años dorados, un grupo de maestros melancólicos del barrio del Angel Gris preparó un libro de lectura escolar diferente de todos.
Su título fue Tempranos Desengaños.
Contaba con textos de Manuel Mandeb y Jorge Allen, la docente Etelia C. de Doth y otros oscuros literatos del barrio. También se procuró hacer creer que escribían algunos niños, cosa que nadie llegó a admitir jamás.
Muchos educadores han dicho que Tempranos Desengaños carecía de propósitos aleccionadores. Nada más falso. En muchas de sus páginas se promueve la admiración de ciertas conductas. Sucede -eso sí- que tales conductas son precisamente aquellas que repudian los libros infantiles convencionales. Se enaltece la inasistencia a clase, se desprecia la aplicación, se duda de la higiene y se festejan los desórdenes.
Hay cuentos, poesías, notas y canciones, entre las que sorprende encontrar la milonga Cobráte y dame el Vuelto.
Vamos a transcribir algunos textos.

LOS DEBERES DE PEDRO
Pedro se sienta en los ultimos bancos del aula, como corresponde a un chico que desdeña la educación y la vecindad de los poderosos. Las conspiraciones y los batifondos nunca lo hallan ajeno. Busca el riesgo de las transgresiones y la compañía de los más beligerantes. A veces lo tientan el estudio y la inteligencia.
Entonces, como quien acepta un desafío, como una compadrada, resuelve arduos problemas de regla de tres y cumple los dictados sin tropiezos.
Un día, la maestra le acaricia el pelo tiernamente. El piensa:
- Ay señorita... Si supiera como me gustaría regalarle una flor y darle un beso.
Pero Pedro sabe quién es y conoce su deber y su destino. Con una gambeta se aleja del afecto inoportuno y va a buscar la gloria allá en el fondo, donde los malandras se empeñan revoleando los tinteros para que se cumpla mejor el divino propósito del Universo.

EJEMPLO (Poesía)
Los sabios nos han dicho
que sigamos la sombra de tu paso.
Y ha sido tu destreza
la vergüenza de nuestras lentitudes.

Los signos que guardaba
la efímera pizarra en su negrura
a tí no te negaron
revelaciones y sabidurías.

Los Seres que Vigilan
han sabido por tí nuestras infamias
y hallaste recompensa
en la noticia del castigo ajeno.

Ah, blanco paradigma,
luminoso, implacable compañero:
hoy nuevamente ha sido
postulada tu suerte como ejemplo.

El numeroso patio
tu sangre dibujada vió en el suelo
y el rumbo de mis golpes
siguió la blanca popa de tu miedo.

Así supieron todos
después de tu derrumbe en el recreo
las biabas que promete
mi zurda a los traidores del colegio.

LOS NIÑOS PRECOCES (por Manuel Mandeb)
Algunos chicos dan frutos tempranos, no lo niego.
Sus padres se enorgullecen y los exhiben entre sus familiares y conocidos, cuando no en el cine o la televisión.
Me atrevo a pensar -sin embargo- que no toda precocidad es auspiciosa. Empecemos por decir que existen adultos bondadosos, agudos, valerosos o geniales. Y que también los hay mediocres, hipócritas, pomposos y canallas. El niño precoz recibe la visita anticipada de ciertos rasgos de la adultez. Algunos tocan el piano como expertos profesionales, otros aprenden lenguas, dibujan o poseen la ciencia.
Pero hay chicos cuya precocidad consiste en adquirir antes de tiempo el tono vacío y protocolar de las conversaciones de sala de espera, y aprenden a los seis años la filosofía de los tontos satisfechos.
"Así anda el mundo, Doña Juana..." "Qué se gana discutiendo, Don José..." "Hablando se entiende la gente, Carlitos..."
También repiten el lenguaje de las revistas y hacen suyas las respuestas de los reportajes más vulgares.
Por cierto, mucha gente cree que ésa es la sabiduría, y yo digo que más sabios son los pibes indoctos que observan con repugnancia los diálogos de los parientes bien educados.
Ojalá surjan muchos niños prodigio que se apropien del genio con impaciencia.
Pero para ser un papanatas, me parece que no hay apuro.

EL NIÑO QUE FUE A MENOS
La señorita Claudia le pregunta a Ferro:
- ¿Quién fundó la ciudad de Asunción?
Ferro lo ignora y lo confiesa. La maestra intenta por otros rumbos.
- Tissot.
- No sé, señorita.
- Rossi.
Silencio. El ambiente se pone pesado porque quizá la señorita Claudia enseñó aquello el día anterior.
- Maldonado.
Nada. Claudia frunce el ceño y ensaya unos reproches generales.
Frezza, el tano Frezza, lo sabe de algun modo misterioso. Es extraño el camino que siguen las nociones: suelen alojarse donde menos se lo piensa.
- Nuñez. López. Dall'Asta.
Tampoco. Frezza espera, sobrador, sin levantar la mano. Cosa de manyaorejas, piensa.
La señorita Claudia se dirige a las niñas y pronuncia el nombre amado. Frezza está muy lejos para soplar y la morocha que lo enloquece no puede contestar.
De pronto, la maestra lo mira.
- Frezza. Y el niño taura, que tal vez necesita anotarse un poroto, se levanta, mira hacia el banco de la morocha y dice casi triunfal:
- No lo sé.
Si es que nadie lo sabe estará bien no saberlo. Frezza se sienta y se oye entonces, como en una horrible blasfemia, la voz de Campos, injuriosa:
- ¡Juan de Salazar!
Pasaron los años. La morocha no conoció el amor de Frezza ni tampoco su gesto elegante y generoso.
Si alguien califica estas lecciones en alguna Libreta Celeste, Frezza tendrá un nueve. Y si ni siquiera existe esa Libreta, entonces tendrá un diez.

UNA PELEA
Me empujaron a la salida. Hubo un tumulto blanco y después de una rápida investigación quedé frente a frente con Carlos.
- ¿Qué empujás?
Se formó una rueda. Alguien gritó:
- Fajálo...
Niñas aterrorizadas se sumaron al grupo.
Carlos se puso muy colorado. Manos crueles lo empujaron hacia mí.
Tito, falso caudillo y sujeto temido, me dijo:
- Dale... ¿O le tenés miedo?
Entonces le acomodé una piña y ahora ya sé que soy cobarde.

Tempranos Desengaños no fue aprobado por las autoridades escolares.
Puede afirmarse que pocos chicos lo leyeron.
Sin embargo, como si alguien les impartiera preceptos secretos, aún hoy, en el tiempo de Los Refutadores de Leyendas, hay niños que se siguen sentando en los últimos bancos y también hay hombres que lejos ya de la escuela se apartan de las ventajas y de las oportunidades fáciles.
A esos, a los del Fondo, a los que pudiendo sentarse en el primer banco lo rechazan, a los que no figuran como ejemplos en los libros de lectura, a los espíritus lunares, a los alumnos de coraje y honor que -según presiento- no leen obras como esta, a todos ellos -tardíamente- los abrazo ahora, cuando ya no me lo impiden las mezquindades que cargué en mi niñez.

miércoles, 25 de febrero de 2009

EL CAMINANTE VI

Asombrar con gestos amorosos a una persona que nos rechaza es, ante todo, una grosería.
Así como el que confiesa sus secretos íntimos al compañero de asiento, como el que hace regalos demasiados caros, me postulé ante María. Ella, cuando se aseguró de mi completa obsesión, me despidió irrevocablemente.
Una vez cumplidas todas las maniobras de la indignidad, me encargue de manipular las cenizas de aquella historia para que parecieran restos de un gran amor.
Inventé un tiempo de plenitud que nunca existió. Me obligué a suponer que María me amaba pero se resistía a admitirlo, en virtud de vaya a saber que jarabes psicológicos. Se me puso en la cabeza que era buena. Puse en plural sensaciones que fueron solamente mías.
Una madrugada de octubre, volví a encontrarme con Dorkas. Marchaba, cosa infrecuente, con paso fatigado. Me dio la mano a la pasada.
- Gusto en verlo - le dije - Veo que sigue tan hechizado como siempre.
En silencio fue hasta la esquina y volvió.
- No crea. Me parece que ya cumplí los cinco encargos de los Brujos de Chiclana. El licor, la entrada del infierno, la cigarrera. el enamorado.....
- ¡ Objeción ! - le grite - Yo estoy enamorado, pero no de la Bruja, sino de María.
- Todas las mujeres que lo rechazan a uno son La Bruja.
- Usted llegó a sugerir que María es el diablo.
- Todas las mujeres que lo rechazan a uno son el diablo.
- Usted parece pensar que toda frase sonora es verdadera. Además, si no calculo mal, le falta estrechar la mano de Manuel Mandeb.
- Acabo de hacerlo - dijo Dorkas - Usted no me engaña. En este barrio todos conocen las historias de Mandeb, pero nadie lo ha visto jamás. Usted es Manuel Mandeb. Usted es Jorge Allen. Usted es Salzman y Castagnino. Usted quisiera ser filósofo, ser poeta, ser músico, ser jugador, pero apenas si se atreve a contar historias, dándose aires de no creerlas del todo.
- Esa es otra de sus alegorías. Claro que en cierto modo soy Mandeb como en cierto modo soy la emperatriz de Bizancio. Pero, según se ve, los brujos de Chiclana no se contentan con metáforas. Usted no cumplió.
- Le aseguro que cumplí.
- Y entonces, si ya rompió el hechizo, ¿ por qué no se detiene ?
Dorkas empezó a pisar más fuerte que nunca.
- Hay algo que usted debe saber: todos estamos condenados a un hechizo cósmico. El universo es irremediablemente fugitivo. Nadie puede detenerse. Salvo que usted sea tan estúpido como para creer que detenerse es esto.
Y se plantó, firme como una estatua, delante de mí.

lunes, 23 de febrero de 2009

EL CAMINANTE V

Recién en el otoño volví a ver a la mujer de la calle Bogotá. Salía al caer la noche y yo caminaba a su lado trenzando frases ingeniosas hasta que ella me pedía explícitamente que la dejara en paz. Por fin, al cabo de largas semanas de humillación, conseguí que se sentara conmigo en un banco de la estación de Flores. Supe su nombre: María. Casi no me dijo otra cosa. Me escucho distraídamente durante algunos minutos y después se fue.
A partir de entonces mi guardia frente a la casa se hizo perpetua. La acechaba sin disimulo. Gracias a mi pertinencia pude lograr que aceptara modestas invitaciones. Al menos una vez por semana, nos sentábamos a conversar.
Ella advirtió inmediatamente que tenía poder sobre mí. Y encontró solaz ejerciéndolo.
Solía indagar con fervor la naturaleza de mis sentimientos, empujándome a la confesión. Fingía dudar de mi sinceridad y me obligaba a la promesa y al juramento. Entonces, cuando yo esperaba la revelación de su amor, cuando yo creía que iba a besarme me hablaba de otros hombres o de asuntos sin importancia o se iba.
En mi estupidez, insistía en hacer ostensible mi desesperación. Me le mostraba tétrico, vencido. Coqueteaba con mi desdicha y lucía ese ingenio resentido de los que creen que su fracaso es injusto.
Cuando María calculaba que mis fuerzas se iban agotando, encendía mi esperanza con mínimas señales de afecto. El sólo roce de su mano me ilusionaba de un modo vergonzoso. Los pocos amigos que aún me quedaban debían soportar tediosos informes sobre el asunto.
Una tarde de invierno yo vigilaba bajo la lluvia. Hacia semanas que no veía a María. Estaba sucio y mal dormido. Temblando de frío, murmuraba, a modo de ensayo, unos reproches siniestros que venía preparando. Tamas Dorkas llegó gambeteando baldosas flojas.
- Ya está. El cuarto milagro está cumplido. Encontré a un hombre que ama a la hechicera más que yo.
- ¿ Y quién es ese estúpido?
- Usted.

miércoles, 18 de febrero de 2009

EL CAMINANTE IV

Durante varios meses no tuve noticias del caminante. Todas las noches me daba una vuelta por la casa de la calle Bogotá, con la esperanza de cruzarme con aquella mujer que, según Dorkas, era el diablo. No pude volver a verla. Pero sí vi salir a muchos hombres. Calculé que serían demonios, ya que los réprobos no pueden ausentarse del infierno a su capricho. Parando la oreja, me pareció escuchar lamentos y quejas de los condenados que seguramente ardían en las habitaciones del fondo. Debo confesar que estaba obsesionado con aquella hembra. No podía pensar en otra cosa. Mis amigos me evitaban. Había dejado mi trabajo. Me había enamorado del modo más ruin. Una noche de carnaval. Busqué distraerme con una pechugona que conocí en la plaza. Mientras la inspeccionaba distraídamente en un portón, oí a mis espaldas la voz del caminante perpetuo.

- Alegría, alegría - gritó y me mojó con un pomo. Estaba disfrazado de El Zorro. La casaca le había quedado mal abotonada y fuera del pantalón, como fatalmente ocurre cuando uno se viste caminando. - Gusto en verlo, Dorkas. Le presento a mi amiga. La pechugona sonrió mientras se acomodaba la ropa. El hombre estableció una órbita alrededor de un árbol. - Mire lo que tengo. Sacó del bolsillo una cigarrera. - Este objeto, señor mío, permite a su poseedor alzarse con el amor de todas las damas. - ¿ De todas ? Me esforcé en argumentar que no era deseable ser amado por la totalidad de las señoras. Sino más bien por aquellas que uno mismo eligiese. Pero Dorkas me cortó en seco. - No piense que usaré la cigarrera para expandir mi serrallo. Usted bien sabe que sólo pretendo romper el hechizo de la bruja. - ¿ Cómo la consiguió ? - En la calle Condarco, por supuesto. - Sea prudente Dorkas, Este barrio esta lleno de charlatanes y de falsos hechiceros que se aprovechan de las personas demasiado crédulas. ¿ Cómo sabe que esa cigarrera es mágica ? - No lo sé. Tan sólo lo deseo. Dio media vuelta y marchó a paso vivo por el empedrado. Yo me dispuse a reanudar mis caricias callejeras, pero la pechugona, sin saludar siquiera, corrió tras de Dorkas, lo tomó del brazo y me abandonó para siempre.

lunes, 16 de febrero de 2009

EL CAMINANTE III

Acompáñeme, amigo. Creo que estoy en condiciones de mostrarle una de las entradas del infierno. Yo estaba de mal humor, como casi siempre en aquel tiempo.
- La ingenuidad cósmica es insoportable, Dorkas. Para usted, cualquier jarabe es licor del recuerdo, cualquier cigarrera es mágica, cualquier agujero en el piso es la entrada del infierno. No se engañe. No hay milagros.
Dorkas empezó a caminar a mis espaldas tal vez para argumentar mejor.
- Me extraña que un hombre como usted no comprenda que los milagros se cumplen de un modo misterioso, poético, simbólico. Quien no tenga fe poética, nunca verá un milagro, ni aunque se lo hagan delante de las narices.
- Salga de ahí con las alegorías. Uno quiere ser inmortal y tratan de contentarlo con el recuerdo que dejará en los otros. Uno quiere volar y le hablan de pensamientos espirituales. Uno quiere conversar con los muertos y debe conformarse soñando con su abuelo.
- Venga conmigo y verá un prodigio contante y sonante. Con un trote que no admitía réplica, me paseó por todo el barrio. Cada tanto se daba vuelta y trataba de apurarme con voces de aliento.
- Vamos, vamos. Si no me falla el cálculo, las puertas del tártaro están por abrirse. Pasamos frente a una casa pardusca en la calle Bogotá
- Es aquí. Esperemos.
Yo me senté en el cordón de la vereda de enfrente. Dorkas empezó a caminar de esquina a esquina. Pasaron horas. Cerca de las dos de la madrugada, la puerta se abrió y apareció una mujer alta, vestida de negro. Dorkas se me acerco al galope.
- Tenga mucho cuidado.....
- Es solamente una mina.
- Si tiene valor, mírela de cerca.
Cruce la calle. La mujer ya caminaba hacia el norte. Me puse a su lado. Ella se detuvo bruscamente y me miró. Era el diablo.

miércoles, 11 de febrero de 2009

ELCAMINANTE II

La segunda vez que me encontré con Dorkas, ya era invierno. Me pareció que caminaba más ligero que antes. Llevaba en la mano una botellita verde.
- Salud, amigo... ¿ Quiere un traguito?
- ¿ Ginebra?-
- Licor del recuerdo, caballero. Mójese los labios y el pasado estará con usted.
- Gracias. Pero creo que no lo necesito. El pasado siempre está conmigo.
Empezó a correr hacia atrás como un loco, mientras me gritaba: El universo tiende al olvido. La memoria es apenas una resistencia efímera. La vida es una resistencia efímera. Beba conmigo. Volvió a los saltos y me ofreció la botella. No tuve más remedio que apurar un sorbo.
- ¿ Y ? ¿ Recuerda algo?
- Yo siempre recuerdo lo mismo, Dorkas.
- Usted me ayudó a hacer el primer milagro, que es el más difícil. En verdad es el único milagro. Una vez que uno camina sobre las aguas, ya nada resulta imposible.
- ¿ Por qué dice que yo lo ayudé ?
- No me haga explicar dos veces la misma cosa. Galopó hacia el norte y se perdió en la noche.

martes, 10 de febrero de 2009

TACTICA Y ESTATEGIA DE LA ESCONDIDA

Con los primeros calores de la primavera que mejor q rememorar aquellos rincones oscuros y reconditos q inevitablemente nos daban ganas de haces pis. Recordemos las formas de hacer la china, de adivinar donde estaba la piedrita (personalmente era el mejor con la tecnica de golpear las manos y escuchar donde estaba la piedra). Y quien dice q no estamos jugando ya a una escondida, donde nadie sabe quien la cuenta, donde creemos encontrar al ultimo, a la persona indicada pero te gritan " sangre!!! ", donde cada vez hay mas ganas de contarla q de esconderse... Pero en fin, todos saben donde encontrarme para jugar una escondida q no sea tan efimera.

Táctica y estrategia de "La Escondida"

No se sabe muy bien cuáles eran los verdaderos fines de la Sociedad Amigos de la Escondida. En cambio está claro que tales fines no se cumplieron. Sin embargo, hace ya algunos años, la identidad solventó la edición de un pequeño folleto titulado Reglamentos, tácticas y estrategia del juego de la escondida. En su momento, el trabajo despertó agudas controversias. Hoy que los ánimos están amansados hemos querido exponer el asunto ante nuestros lectores, quienes seguramente ignoran la mayor parte de los detalles de este juego en vías de extinción.

Capítulo l: Del número de los jugadores Puede jugar a la escondida un número cualquiera de jugadores, el mínimo es uno. Cabe señalar que en este caso el juego es especialmente aburrido: el único jugador se busca a sí mismo – lo que es aun más tedioso – busca a otros inexistentes jugadores hasta que se desalienta y abandona. Con dos participantes se gana un poco de acción y puede decirse que el clima ideal se logra cuando intervienen más de seis y menos de veinte personas. Asimismo cabe advertir que resulta sumamente engorroso desarrollar el juego con más de ochenta jugadores. Los buscadores equivocan los nombres de quienes se ocultan y con toda frecuencia se ven obligados a llevar un registro escrito en el que constan las personas que ya han sido descubiertas y las que aún permanecen en lugares desconocidos. Por otra parte, es fácil razonar que cuando mayor es el número de jugadores, más trabajoso será hallar escondites vacantes, con el consiguiente deslucimiento del juego.

Capítulo II: El lugar donde se juega La escondida puede practicarse tanto en lugares abiertos como recintos cerrados. Siempre es preferible elegir horarios nocturnos, pues las tinieblas suelen mejorar la calidad de los escondrijos. Así, cuando se juegue en casas o departamentos, convendrá atenuar las luces. Aquí se hace indispensable una aclaración fundamental: es necesario que antes de comenzar el juego se fijen expresamente los límites geográficos de su extensión. Fuera de ellos estará prohibido esconderse. Alguno heresiarcas pasan por alto esta acotación y nos hallamos entonces ante un juego cuyo marco es el mundo entero. Es así como muchos jugadores se esconden en barrios alejados y aun en otras provincias, retrasando el desenlace de la competencia hasta el punto de arruinarla por completo. Nota: el folleto no menciona la interesante opinión de Manuel Mandeb, quien creyó entender que la escondida era un juego sin límites. Para el pensador árabe la escondida perfecta debía ser jugada por toda la estirpe humana, su escenario era el universo y su duración la eternidad. Así, el propósito final de la Historia puede consistir en el nacimiento de un futuro Elegido, que se encargará de librar para todos los compañeros en un acto que marcaría el fin de los tiempos.

Capítulo III: Finalización del juego La escondida no tiene ganadores ni perdedores. Por eso la finalización del juego debe fijarse en forma arbitraria, pero manifiesta. Muchas veces los jugadores abandonan la competencia sin avisar a nadie y muchos participantes tenaces permanecen ocultos durante horas, sin que nadie se moleste en buscarlos. Los miembros de esta Sociedad conocen perfectamente algunos casos célebres de obstinación. Vale la pena mencionar la gesta del joven Luis C. Cattaldi, que permaneció catorce meses en el quicio de una puerta de la calle Morón, cogoteando sigilosamente en dirección a la Piedra. Los habitantes de la casa solían llevárselo por delante cuando salían y – a veces – le acercaban algún alimento. Finalmente Cattaldi regresó a su domicilio, gracias a los consejos de una comisión de esta misma Sociedad.

Capítulo IV: Desarrollo del juego La idea fundamental de la escondida es que todos los jugadores se oculten, con la excepción de uno, que será el encargado de encontrar al resto. Para dar tiempo a la elección del escondite y a la correcta instalación de cada uno en el suyo, el buscador esconderá el rostro contra la pared, como si llorara, y permanecerá en esta posición durante algunos segundos. La medición de este lapso, la efectuará el propio buscador recitando la serie de número naturales en voz alta, hasta llegar a una cifra convenida con antelación (por ejemplo 50). Acto seguido, a modo de advertencia, deberá declamar algún pareado revelador. El más usual es ”Punto y coma, el que no se escondió se embroma”.El lugar donde el buscador realiza este ritual se conoce con el nombre de “Piedra”. Inmediatamente comienza la parte más divertida. El buscador recorre el campo de juego y revisa los lugares en donde sospecha que hay alguien. Cuando descubre a algún jugador oculto sale corriendo en dirección a la Piedra, la toca y grita “Piedra libre para Fulano”. Siempre deberá referirse a la persona descubierta de un modo tal que su identidad quede fuera de toda duda. Este punto es muy importante, como ya veremos en otro capítulo. A su turno, el jugador descubierto puede abandonar su refugio y correr hacia la Piedra tratando de tocarla antes que el buscador. Si lo consigue, será el quien grite “Piedra libre” y a los efectos del juego se reputará que no ha sido hallado. Por otra parte, todos los jugadores pueden abandonar su escondite y llegarse hasta la Piedra, aun cuando no hayan sido descubiertos. Pero si el buscador los sorprende en su excursión y se les adelanta en la carrera hacia la Piedra, se les considerará encontrados. El primero de los jugadores que pierda la carrera hacia la Piedra recibirá – como castigo – la obligación de contar en el lance siguiente. Sin embargo, hay un recurso extremo: el último de los jugadores que permanezca escondido puede aventajar al buscador y gritar “Piedra libre para todos mis compañeros”. Cuando esto ocurre, el buscador deberá contar nuevamente. Desde luego, ya puede colegirse que el participante capaz de culminar exitosamente esta jugada recibirá la admiración y el respeto de todos.

Capítulo V: Distintas tácticas Existen buscadores conservadores y buscadores audaces. Los primeros no se alejan jamás de la Piedra. Tratan, por lo general, de esperar que alguien cometa un error o trate de cambiar de escondite. Esta raza conspira contra la calidad del juego. En cambio el buscador audaz abandona las inmediaciones de la Piedra y marcha hacia los confines del campo. Se trepa a los árboles, ingresa a los armarios y rastrea minuciosamente los yuyales. Claro, siempre corre el riesgo de ser sorprendido por los jugadores que se han ocultado en la zona opuesta. Pero el juego se torna vivaz y lleno de matices. Abundan las carreras, los rodeos y las sorpresas. Existen también los jugadores zorros, que amagan dirigirse a la derecha para tentar a quienes se esconden por la izquierda. En cierto momento, salen disparados hacia el otro sector y así es como sorprenden a muchos jugadores novatos que abandonan prematuramente su refugio. Entre los que se esconden, también hay distintas escuelas. Algunos prefieren los escondites sencillos pero de fácil salida, como los umbrales de las puertas. Otros los eligen complicados y de salida engorrosa: la copa de los árboles, el fondo del canasto de la ropa, etc. Hay también quienes van rotando su escondite y cambian de posición mientras observan los movimientos del buscador. Los mejores son los exquisitos, que inventan guaridas que sólo ellos conocen y no las revelan jamás. Esta clase de jugadores es la más temida por los que cuentan, pues muy a menudo libran para todos los compañeros. Sin embargo, el escondite no debe ser nunca impenetrable. A decir verdad, el escondite perfecto termina el juego. En 1959, en una escondida que se realizó en Villa del Parque, el abogado Gerardo Joseph se escondió de un modo tan eficaz, que nunca más fue visto en ninguna parte. Todavía hoy muchos de sus amigos recorren la barriada gritándole que salga. Un existoso cuento de Edgar Allan Poe insinúa que el mejor escondite es aquél que está a la vista de todos. En esa narración, todo el mundo busca infructuosamente una carta que en realidad había permanecido siempre a la vista. Esta teoría podrá ser buena para los cuentos policiales, pero no sirve en la escondida. Infinidad de jugadores han pretendido pasarse de vivos parándose a un metro de la Piedra con cara de disimulo. El resultado siempre es el mismo: el buscador mira extrañado y luego, casi con estupor, murmura: “Piedra libre para el Pololo, que está ahí parado”.

Capítulo VI: Infracciones, errores y malentendidos Puede ocurrir que el buscador descubra a un jugador oculto, pero equivoca su identidad. Esto es muy frecuente en los juegos nocturnos. ¡Cuántas veces se grita “Piedra libre para la Amanda”, después de haber visto a Julián!El reglamento le permite a Julián denunciar el error al grito de ¡Sangre! Esta expresión debe traducirse como ¡Reclamo! o, mejor aun, ¡Objeción! Si la gestión prospera y se comprueba la equivocación, el buscador deberá contar nuevamente. El mismo recurso podrá imponerse cuando se sospeche que el buscador espía o cuando se produce algún hecho exterior que dificulta la normal prosecución del juego. (Por ejemplo, hay una grave lesión de uno de los jugadores o la súbita llegada de un tío al que hay que saludar)

Capítulo VII: Escondites individuales y colectivos Muchos deportistas prefieren esconderse solos. Otros, en cambio, se complacen en compartir su refugio, particularmente con personas del sexo opuesto. Esta última variante es muy bien vista en los círculos elegantes y constituye una excelente oportunidad para acrisolar amistades y hasta para sellar romances. Lo más apropiado es elegir un escondite alejado de la Piedra. El lugar debe ser pequeño para lograr un proximidad alentadora, oscuro para invitar a la confidencia y hermético para evitar ser sorprendidos. Manuel Mandeb refiere una experiencia personal en su libro Mis amores frustrados. Veamos: “En tres años de jugar a la escondida, jamás había tenido la ocasión de compartir un lugar con Beatriz Velarde. Siempre había alguien que se adelantaba. Al parecer, Beatriz tenía comprometidos sus escondites por varios años. Una noche de primavera, en el callejón de la Estación Flores, mientras contaba el ruso Salzman, vi que Beatriz entraba solita a la casa amarilla y abandonada que hay en una esquina. Piqué tras ella y alcanzamos a acomodarnos debajo de un fogón en ruinas. Estaba muy oscuro y alcancé a notar su aliento de chiclets Adams. Los arrabales de su pelo saludaban mi boca. - Te quiero – le dije suavemente. - Decímelo mejor – contestó Beatriz Velarde. Empecé a pensar algo ingenioso, cuando entró el ruso Salzman y brutalmente señaló el final de mi romance. - Piedra libre para el turco y Beatriz – . - Sangre, sangre – grité yo y era cierto, aunque no me lo creyeron. Nunca más volví a estar a solas con Beatriz y aquella fue la última vez que jugué a la escondida.”

El folleto de la Sociedad Amigos de la Escondida tiene algunos otros capítulos de menor interés: la ropa más conveniente, uso y abuso de los ligustros, aprovechamiento de carros en marcha, ocultamiento en medio de un familión en tránsito, etc. En estos días en que la Sociedad ya se ha disuelto y los chicos prefieren otros entretenimientos más científicos, no está de más recomendar calurosamente la práctica de la escondida. Este humilde escriba hace mucho tiempo que no encuentra ocasión de mostrar su destreza en tan apasionante disciplina. Si algún lector piadoso desea invitarme a jugar, acepto complacido. Aunque me parece que ya es demasiado tarde.