lunes, 22 de noviembre de 2010

CANTATA DE PUENTES AMARILLOS

Hay artes combinadas.
Algunos músicos, generalmente carentes de talento musical, se dedican a adornar con simpáticos acordes, que no transmiten demasiado, letras que pretenden alzarse con el protagonismo y que tienen la responsabilidad de decir lo que los sonidos no pueden.
Este no es el caso, pues esta obra derrocha musicalidad, es una canción que tiene diversas etapas, muchas canciones en una, un viaje o un proceso, o mejor un repaso de situaciones, sentimientos, de tiempo y emociones.
Esta pieza cumbre del rock podría no tener letra, pero ademas de ser un despliegue de virtuosismo musical también se da el lujo de contar una prosa que me carcome la envidia. Por tener la lucidez y la sensibilidad de poder leer la realidad social, humana y personal de un Spinetta de no mas de 23 años.
Lean la letra que la dejo abajo, pero si no... toquen el link, suban el volumen, busquen un respaldo cómodo y prendan o sirvan algo que los acompañe en estos 9 minutos de placer.


CANTATA DE PUENTES AMARILLOS
- Luis Alberto Spinetta -

Todo camino puede andar
Todo puede andar...
Con esta sangre alrededor
no sé que puedo yo mirar
la sangre ríe idiota
como esta canción
¿ante quién?

Ensucien sus manos como siempre
Relojes se pudren en sus mentes
ya

y en el mar naufragó
una balsa que nunca zarpó
mar aquí, mar allá

En un momento vas a ver
que ya es la hora de volver
pero trayendo a casa todo aquél
fulgor
¿y para quién?

Las almas repudian todo encierro
las cruces dejaron de llover

sube al taxi, nena
los hombres te miran
te quieren tomar
ojo el ramo, nena
las flores se caen, tenes que parar
Vi las sortija muriendo en el
carrusel
Vi tantos monos, nidos, platos de
café
platos de café...

Guarda el hilo, nena
guarden bien tus manos
esta libertad
ya no poses, nena
todo eso es en vano
como no dormir

Aunque me fuercen yo nunca voy a decir
que todo tiempo por pasado fue mejor
mañana es mejor

Aquellas sombras del camino azul
¿dónde están?
yo las comparo con cipreses que vi
sólo en sueños
y las muñecas tan sangrantes
de llorar
yo te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar
y te amo tanto que no puedo
despertarme sin amar

¡No! nunca la abandones
¡No! puentes amarillos
Mira el pájaro, se muere en su jaula
¡No! nunca la abandones
Puentes amarillos, se muere en su jaula
Mira el pájaro, puentes amarillos
Hoy te amo ya
y ya es mañana
Mañana

martes, 28 de septiembre de 2010

CAPITULO 93, RAYUELA.

Un extracto de Rayuela que por estos tiempos siempre me gusta releer.
23.09.2007


-hb-

Capitulo 93, Rayuela
- Julio Cortázar -

Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación de] amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivís en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japonesa y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. También puedo ser grosero, fájate. Pero fijate bien, porque no es gratuito.

¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. Pero estoy solo en mi pieza, caigo en artilugios de escriba, las perras negras se vengan cómo pueden, me mordisquean desde abajo de la mesa. ¿Se dice abajo o debajo? Lo mismo te muerden. ¿Por qué, por qué, pourquoi, why, warum, perchè este horror a las perras negras? Miralas ahí en ese poema de Nashe, convertidas en abejas. Y ahí, en dos versos de Octavio Paz, muslos del sol, recintos del verano. Pero un mismo cuerpo de mujer es María y la Brinvilliers, los ojos que se nublan mirando un bello ocaso son la misma óptica que se regala con los retorcimientos de un ahorcado. Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo. Miel y leche hay debajo de tu lengua... Sí, pero también está dicho que las moscas muertas hacen heder el perfume del perfumista. En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia, quedarse en el mero pedido de papas fritas y los telegramas Reuter, en las cartas de mi noble hermano y los diálogos del cine. Curioso, muy curioso que Puttenham sintiera las palabras como si fueran objetos, y hasta criaturas con vida propia. También a mí, a veces, me parece estar engendrando ríos de hormigas feroces que se comerán el mundo. Ah, si en el silencio empollara el Roc... Logos, faute éclatante. Concebir una raza que se expresara por el dibujo, la danza, el macramé o una mímica abstracta. ¿Evitarían las connotaciones, raíz del engaño? Honneur des hommes, etc. Sí, pero un honor que se deshonra a cada frase, como un burdel de vírgenes si la cosa fuera posible.

Del amor a la filología, estás lucido, Horacio. La culpa la tiene Morelli que te obsesiona, su insensata tentativa te hace entrever una vuelta al paraíso perdido, pobre preadamita de snack-bar, de edad de oro envuelta en celofán. This is a plastic's age, man, a plastic's age. Olvidate de la perras. Rajá, jauría, tenemos que pensar, lo que se llama pensar, es decir sentir, situarse y confrontarse antes de permitir el paso de la más pequeña oración principal o subordinada. París es un centro, entendés, un mandala que hay que recorrer sin dialéctica, un laberinto donde las fórmulas pragmáticas no sirven más que para perderse. Entonces un cogito que sea como respirar París, entrar en él dejándolo entrar, neuma y no logos. Argentino compadrón, desembarcando con la suficiencia de una cultura de tres por cinco, entendido en todo, al día en todo, con un buen gusto aceptable, la historia de la raza humana bien sabida, los períodos artísticos, el románico y el gótico, las corrientes filosóficas, las tensiones políticas, la Shell Mex, la acción y la reflexión, el compromiso y la libertad, Piero della Francesca y Anton Weber, la tecnología bien catalogada, Lettera 22, Fiat 1600, Juan XXIII. Qué bien, qué bien. Era una pequeña librería de la rue du Cherche-Midi, era un aire suave de pausados giros, era la tarde y la hora, era del año la estación florida, era el Verbo (en el principio), era un hombre que se creía un hombre. Qué burrada infinita, madre mía. Y ella salió de la librería (recién ahora me doy cuenta de que era como una metáfora, ella saliendo nada menos que de una librería) y cambiamos dos palabras y nos fuimos a tomar una copa de pelure d'oignon a un café de Sèvres-Babylone (hablando de metáforas, yo delicada porcelana recién desembarcada, HANDLE WITH CARE, y ella Babilonia, raíz de tiempo, cosa anterior, primeval being, terror y delicia de los comienzos, romanticismo de Atala pero con un tigre auténtico esperando detrás del árbol). Y así Sèvres se fue con Babylone a tomar un vaso de pelure d'oignon, nos mirábamos y yo creo que ya empezábamos a deseamos (pero eso fue más tarde, en la rue Réaumur) y sobrevino un diálogo memorable, absolutamente recubierto de malentendidos, de desajustes que se resolvían en vagos silencios, hasta que las manos empezaron a tallar, era dulce acariciarse las manos mirándose y sonriendo, encendíamos los Gauloises el uno en el pucho del otro, nos frotábamos con los ojos, estábamos tan de acuerdo en todo que era una vergüenza, París danzaba afuera esperándonos, apenas habíamos desembarcado, apenas vivíamos, todo estaba ahí sin nombre y sin historia (sobre todo para Babylone, y el pobre Sèvres hacía un enorme esfuerzo, fascinado por esa manera Babylone de mirar lo gótico sin ponerle etiquetas, de andar por las orillas del río sin ver remontar los drakens normandos). Al despedirnos éramos como dos chicos que se han hecho estrepitosamente amigos en una fiesta de cumpleaños y se siguen mirando mientras los padres los tiran de la mano y los arrastran, y es un dolor dulce y una esperanza, y se sabe que uno se llama Tony y la otra Lulú, y basta para que el corazón sea como una frutilla, y...

Horacio, Horacio.

Merde, alors. ¿Por qué no? Hablo de entonces, de Sèvres-Babylone, no de este balance elegíaco en que ya sabemos que el juego está jugado.

martes, 31 de agosto de 2010

EXTRAVÍOS

II

En principio, voy a pedirte disculpas por la demora, y a modo de excusa quiero contarte que me fue muy difícil encontrar un momento de serenidad para poder detenerme y escribir estas líneas, puesto que desde que me vi obligado a emprender este viaje, el ruido y los avatares propios de los grandes “cambios”, por llamarlo de alguna manera, me hicieron un poco tortuoso este periodo de vida.

De pronto, me encontré dejando el anden, y con él tantas cosas preciadas que la angustia del destierro y el desarraigo llenaron mi amplia cavidad toráxica, que por su ya mencionada extensión, pudo alojar también gran cantidad de sustancia pesarosa, teoría firmemente abalada por la física quántica desde tiempos remotos.

Como es inevitable, busque caras familiares por la ventanilla, o tal vez solo una, que con un gesto me dijera hasta pronto. Pero la estación esa noche se encontraba tan vacía y fría que ni el fantasmagórico boletero cumplio la formalidad de desearme un “buen viaje”.

Para no perder las esperanzas, o quizá la costumbre, corrí en sentido opuesto a la marcha de la locomotora. Primero, atravesando a la señora rubia, que en silencio y sin mirarme coloco su equipaje en mi camino. Sorteando valijas elegantes y bien etiquetadas un grupo de muchachos, primero tres sobre la izquierda, luego dos universitarias con sus mochilas justo por detrás de los anteriores, que viajaban con muchos mas, diez o quince, a los que uno a uno fui pidiendo permiso arrebatadamente. Eran oídos sordos, aturdidos por los gritos y el murmullo general, pero particularmente de las muchachas del fondo que parecía que su charla no tuviera fin, con sus tonos petulantes y esos timbres irritantes, atormentaban el humor de mis interlocutores y el mío propio. Al abrirme camino, me precipitaba sobre esta gente y casi descortésmente vociferaba “disculpas” y “permisos” que a veces respondían con buenos gestos y hasta alientos, como si conocieran o entendieran el motivo de mi carrera hacia el final del vagón, pero al mismo tiempo enangostando el pasillo de mil maneras. Tal vez hayas estado en alguna parte de esa larga y desteñida línea amarilla, pero había muchos que obstaculizaban la visión por las ventanillas pocas ventanillas que permanecían abiertas.

Debo confesar que al llegar al fondo del tren, vi alejarse el anden y con el ésta y algunas otras costumbres. No así mis esperanzas.

Con la locomotora ya en marcha, estuve deambulando por vagones extraños. Era como si cada uno hubiera sido cortado de un tren diferente, cada uno con sus viajes, sus pasajeros, su vida, su deterioro. Las datas de creación del vagón más nuevo y el que aparentaba mayor vejez deben haber tenido casi dos siglos de diferencia y ni siquiera cumplían con alguna cronología en su ordenamiento. Parecía que el encargado de dicha selección no tubo el menor método ni concepción del final de su obra.

Luego de mi primer recorrida ya había armado una noción básica de la composición del vehículo y fácilmente podía decir que éste tren contaba con tres salones comedor; el primero y más amplio parecía nuevo, pero a la vez tan ecléctico que me llenaba de nostalgia hasta el agua tónica del menú. Tenia luces tenues en los ángulos, y las puertas eran casi imperceptibles, la sensación de encontrarse en un lugar tan impactante de repente era casi vertiginosa y aun más el no concebir la idea de estar afuera. Algunos biombos segmentaban el vagón en cuatro o cinco espacios muy bien definidos en su personalidad pero también muy bien comunicados entre si, aunque no siempre armoniosamente.

En el salón central se sucedían desopilantes historias que sin el mayor esfuerzo de intromisión o chismorreo se podían disfrutar como si fueran obras de teatro finamente creadas y dirigidas, desgraciadamente, a un publico desinteresado. Los personajes y los dramas de estas historias cambiaban sucesivamente pero la similitud de los protagonistas nos hacia sospechar que siempre se hablaba de los mismos. Obviamente un hombre y una mujer con sus personalidades chocantes, sus encuentros y desencuentros y un sin fin de hechos que los hacían tan interesantes en conjunto, tan singulares y sinérgicos, los dos amalgamados en una transgresora historia que se sucedía como una serie de episodios mezclados en una gran cacerola y revueltos con un paletón de madera.

lunes, 23 de agosto de 2010

LOS DOS REYES Y LOS DOS LABERINTOS

Un texto que conocí de forma oral y que descubrí hace unos días en "El Aleph", libro del cual alguna vez les envié el cuento homónimo y que no para de darme satisfacciones.
De como, Dioses para algunos Naturaleza para otros, crean las maravillas que nuestro planeta nos muestra y nos permite habitar a condición de pasar lo mas desapercibido posible, puesto que todas las modificaciones que en el medio impacten nos llevan indefectiblemente a la aniquilación.
Suena apocalíptico, pero si hasta una mínima flor silvestre genera toxinas como recurso de defensa para sobrevivir, por qué no el planeta entero. Que cosa mas lógica que estoy diciendo y sin embargo todos los días hacemos cientos de acciones en pro del fin.
También tengamos a bien notar que la simplicidad de algunas cosas son obras tan o mas magnánimas que el mas rebuscado y logrado trabajo.

Se vemosss!

- hb -



LOS DOS REYES Y LOS DOS LABERINTOS
- JORGE LUIS BORGES -


Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso." Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

viernes, 23 de julio de 2010

HOY ES SIEMPRE

No se crea el lector de estas lineas que quien les habla es un pastor evangelista ni que estoy pensando que soy un iluminado con la tarea de transmitir un mensaje divino, simplemente la ultima cervecita que compartí con mis colegas Macanudos en la madrugada de hoy sigue dando vueltas por este cuerpo, activando algunas fibras sensibles que pienso poner al descubierto por este medio, ya que cuento con la impunidad de 6 horas en esta oficina hasta que mis compañeros de tragos/trabajo se despierten y sean capaces de leer esta esquela.
Esta mañana cuando mi cara se despegaba pesadamente del abrazo tierno, acogedor y hasta traicionero de mi almohada, me dije "gran madre la de la parte intima de la hembra del loro". Me lo dije en silencio, pensando en lo bueno que iba a ser cuando vuelva a casa y la oscuridad me acompañe en una impune siesta que complete las horas de sueño que debe cumplir una persona normal. Pero en el gélido camino al baño fui atravesado por un enceguecedor destello de luz, que trate de evadir achinando los ojos, porque la lentitud característica de las primeras horas del día no me permitían una maniobra mas arriesgada. Cuando me disponía a gambetear esta situación, en el medio segundo en que paso todo esto, empece a sentir el calor, la energía que me derretía las estalactitas que pendían de la punta de mi nariz. Ahí reconocí de donde venia el calor. Decenas de haces de sol riéndose de la persiana se escabullían para clavarse en mi, y que las partículas esas que andan en el aire hacían que sean tangibles como agujas de tejer tibiesitas, por ahora, que me llenaban de vida, relajaban mi mandíbula harta de temblequear, me abrían los ojos al tiempo que se acostumbraban mis pupilas y mi espalda se erguía junto a las ganas de vivir que tengo hoy.
Justo me llamaron y me olvide un poco lo que iba en este párrafo pero la idea era algo así: que buena onda el sol que sale, nos llena de energía, fija la vitamina D y E, nos da luz reduciendo los escondites de los cacos, permite la fotosíntesis de las plantas que hacen que podamos respirar el escaso aire puro que nos da vida, todo eso al módico precio de NADA. O quizá el precio es mucho mas caro que cualquier otro, capas que el sol simplemente nos muestra lo magnifico que es, y todos los días sale a presumir su grandeza, su vital e inevitable presencia, su terrible, despiadado y fatal resplandor, su voraz ego insaciable de admiración.
Olvidando la ultima oración, cargada del recelo propio de la gente que invento la frase "cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía", se me ocurrió que toda la vitalidad y alegría que tenia a esa hora de la mañana, con un arduo día por delante que tal vez termine recién el lunes que viene a la siesta, era digna de compartir, como el sol. Decido compartirla.
La idea de la siesta salvadora se esfumo, la esperanza de que mas tarde iba a estar mejor que ahora se perdía en el cielo azul puro, con nubes que simplemente cumplían el rol de entretenerme con sus formas, del extraño silencio de la media mañana que de niño experimentaba cuando me sacaban sangre y entraba tarde al colegio y que hoy experimento cuando llego forastero a alguna ciudad donde la gente desarrolla su rutina y me entretengo viendo simplemente eso, como viven, como toman el colectivo imaginando los remotos destinos de la señora que relojea su muñeca a la par que un hombre de bigote que era canoso y ahora lo tiñe a cada bocanada de amarillo nicotina.
Todas las sensaciones que en unos segundos experimente gratis esta mañana me hicieron notar que el mejor momento es ahora mismo, que la salvación esta a la vuelta de la esquina y que las sonrisas esperan ansiosas a que las usemos. Les cuento todo esto para que vean a su alrededor y encuentren esas sensaciones que se ocultan atrás de las pilas de papeles para archivar, los apuntes para leer y el monitor que nos acapara la atención que deberíamos poner a la ventana que encuadra el arsenal de amarillos y ocres que nos regala este soleado invierno.
La propuesta es disfrutar de estas cosas, que la mas mínima sensación nos llene de felicidad, la propuesta es que cuando pidamos algo hagamos sentir que realmente necesitamos de esa persona y cuando agradezcamos un favor hagamos sentir nuestro agradecimiento. Están de ofertas las oportunidades de hacer la acción del día prestando atención a los que necesitan ser escuchados y no ser indiferentes a los que con un simple abrazo van a ser mas felices. No pido que salgamos vorazmente a construir casas ni recolectar comida, cosa que seria grandiosa, simplemente les propongo hacer del día a día un tiempo mejor, con menos bocinas, con mas cabeceadas de "pase ud." y básicamente con mas cariño y amor para todo el mundo.
Hoy es el momento de empezar a ser felices con lo que tenemos, con lo que nos falta, con el peso de nuestras historias y la esperanza de las que vendrán. Empecemos a sentir cosas, sentir amor y no callarlo ni mucho menos mezquinarlo, producir, hacer felicidad y luchar contra los que no nos lo permiten, pero que la lucha nos haga felices también.
Gracias a los que llegaron a este párrafo y espero que huestes de personas alegres salgan a contagiar alegría y sean soles de felicidad que vociferan su cariño por la vida y por la gente en todas las esquinas de esta ciudad cada vez mas amargada y hundida en pesares que probablemente empeoren, luchemos contra esto desde adentro y vamos a tener la energía para exteriorizarlo.
Me pongo a trabajar, contento, pero no sin antes agradecer públicamente a Tucho que entre copas me dijo sabias palabras anoche, pedir perdón al Sr. que manejaba ayer un Ford Fiesta rojo desde el aeropuerto a circunvalación que no sabe usar el carril rápido y lo trate un poco mal, abrazo a Paliio y al Igni que con penas a cuestas me están dando muchas alegrías y a vos.

Abrazo grande y gran fin de semana para todos.

4to Macanudo.